MUCHA PSEUDOCIENCIA, POCA INFORMACIÓN

MUCHA PSEUDOCIENCIA, POCA INFORMACIÓN
Quizás uno de los aspectos más preocupantes de toda la cultura montada alrededor de la alimentación
ecológica sea el auge de la superstición y la pseudociencia, con las consecuencias negativas que ello
conlleva. Si uno va a una feria como Biocultura comprobará que en las diferentes charlas, más que de
alimentación o de agricultura, se habla de espiritualidad, de no vacunarse, de cristales que curan el
cáncer y el dolor de espalda, y de agujas que quitan todos los males. No es algo puntual, o que haya
un porcentaje significativo de gente que crea en ambas cosas, sino que forma parte del pack
ideológico. El reglamento europeo que regula la producción ecológica no tiene en cuenta los datos
objetivos y la ciencia para garantizar una producción más respetuosa con el medio ambiente, solo
que todo sea «natural»; pero es que además apoya específicamente la pseudociencia. La prueba de
esto es que en el capítulo dos, artículo doce, apartado c, pone: «Se permite el uso de preparados
biodinámicos». Veamos qué implica esta afirmación dentro de un reglamento europeo.
La agricultura biodinámica es la creencia más friki dentro del mundo agroecológico, pero, eso
sí, convenientemente registrada y patentada. La agricultura biodinámica no se basa en un compendio
de técnicas agrícolas que se hayan verificado experimentalmente para asegurar una mejor
productividad o respeto al medio ambiente. Como la mayoría de las pseudociencias, la biodinámica
se basa en las elucubraciones de un señor, Rudolph Steiner, que no era ingeniero agrónomo, sino
ocultista y creador de una secta. Steiner era seguidor de las doctrinas teosóficas de otra iluminada,
madame Blavatsky, hasta que se dio cuenta de que podría escindirse y abrir un negocio propio, al que
llamó antroposofía, en oposición a la teosofía, que inventó su mentora.
Esta disciplina recoge algunos conceptos orientales y los moldea según las ocurrencias del
propio Steiner. Entre sus postulados está el rechazo a las vacunas, la homeopatía y la creencia en la
reencarnación (todo muy científico, como vemos). Steiner sostenía que si los niños se educaban
siguiendo sus postulados (llamados «pedagogía Waldorf») podrían ser clarividentes. Existen escuelas
que siguen esta pedagogía, pero a ningún alumno le ha tocado la primitiva, por lo que lo de la
clarividencia no parece funcionar.
Con estas premisas, la cosa no mejora cuando hablamos de agricultura biodinámica. Según
Steiner, la planta es un organismo cerrado, la parte aérea del cual depende del cosmos, y este a su vez
de Venus, Júpiter y Saturno; y la raíz depende de la Luna, Mercurio y Marte. Por lo tanto hay que
considerar los signos astrológicos para todos los períodos agrícolas. Cualquier agricultor sabe que
las malas cosechas son por culpa de la presencia de patógenos, de la ausencia de nutrientes o de
factores ambientales adversos, pero las elucubraciones de Steiner postulan que son por un
desequilibrio entre la alineación de los planetas que rigen la raíz y la parte aérea.
Como otras muchas filosofías buenrollistas, si uno mira sus referentes ideológicos dan mucho
miedo. Los principales impulsores de la agricultura biodinámica fueron los miembros del partido
nazi, ya que la veían como una transposición de sus delirantes teorías místicas. El propio Himmler
tenía un jardín en el campo de concentración de Dachau en el que ponía en práctica todos los
principios biodinámicos, todo de muy buen rollo, ¿verdad? Algunas prácticas biodinámicas consisten
en enterrar cuernos rellenos de silicio o de estiércol para prevenir plagas o traer la fertilidad, y luego
hacer diluciones homeopáticas de ellos. El preparado 503: flores de manzanilla embutidas en el
intestino delgado de una vaca como si fueran salchichas. Se entierran durante el invierno y en
primavera se desentierran. Mi preferido es el preparado 505: corteza de roble mantenida en la
calavera de un animal doméstico, que se entierra en barro de materia vegetal al lado de una corriente
de agua. Biodinámicos sí, pero lo del sacrificio de animales no les da repelús.
Como pasa en todas las sectas y creencias surrealistas, al final todo es dinero. Alrededor de las
ideas de Steiner se ha formado un complejo entramado financiero cuya cabeza visible es el banco
Triodos,18 que, escudándose en la solidaridad, esconde una ideología cuestionable y un negocio muy
rentable. Dentro de este entramado, la agricultura biodinámica es una marca registrada de una única
empresa, Demeter.
Por lo tanto, si quieres vender algo como biodinámico tienes que superar un proceso de
acreditación que esta empresa tiene en monopolio, y además es bastante caro. A mí, sinceramente, que
en un reglamento europeo se hable explícitamente de una empresa privada que además tiene un
monopolio me hace saltar todas las alarmas de la corrupción. Por cierto, la agricultura biodinámica
tiene predicamento sobre todo entre los enólogos, siempre ávidos de buscar algo que les distinga de
la competencia. Entre los grandes chefs, el único que ha hecho una defensa encendida ha sido Santi
Santamaría, que estaba en todas. Yo nunca iré a un restaurante que sirva productos biodinámicos. Me
dan grima las calaveras enterradas.
Si el reglamento ya te está diciendo que se pasa la ciencia por el forro y le pone la alfombra roja
a la pseudociencia, los que practican la agricultura ecológica transitan alegremente por esa alfombra
de superchería. En los manuales de agricultura ecológica es frecuente encontrar referencias a
prácticas pseudocientíficas como la homeopatía o la acupuntura para la ganadería; hasta se organizan
cursos en universidades. La homeopatía consiste en diluir algo muchas veces, hasta que solo quede
agua, meterlo en un azucarillo y dártelo. Te venden azúcar a precio de oro sin ningún principio
activo. La acupuntura consiste en poner agujitas. Ninguna de estas prácticas ha superado los controles
que avalen su eficiencia. ¿Alguien se imagina una granja de gallinas con un brote de gripe aviar y un
tratamiento de acupuntura? Agroecólogos, grabad al chino persiguiendo a las gallinas (tienen que
estar sueltas, si no no es ecológico) con las agujas en la mano y subidlo a YouTube. Seguro que
triunfa. En estos casos, yo antes que utilizar estas técnicas prefiero ir a lo tradicional. Una novena a
san Isidro Labrador, patrón de los agricultores. Tiene la misma efectividad y es más barato.

Una Variedad

Una variedad en desuso es una variedad que en algún momento ha sido sustituida por otra que le
venía mejor al agricultor (daba mejor rendimiento, resistía mejor las plagas), al comercializador (se
conservaba mejor, aguantaba mejor el transporte, tenía un aspecto más llamativo) o al consumidor
(mejor sabor, mejor precio), el triángulo que decide lo que comemos. Reivindicar una variedad local
que no se cultiva, más allá de la curiosidad o de la alta cocina, es como si Ford fuera al salón del
automóvil de Ginebra y pretendiera lanzar como novedad el Ford T, o SEAT el 127. Por eso el
relanzamiento de cereales como la espelta o el kamut ha tenido muy poco éxito fuera de los circuitos
de alimentación «natural» o de «alto standing», puesto que en su momento fueron sustituidos por el
trigo moderno, por ser este mucho mejor.
En una feria de productos ecológicos (sí, me da morbazo, qué le vamos a hacer) vi un cartel que decía algo así como «Comer
agricultura ecológica es comer biodiversidad». Pensé que estaban patrocinados por McDonald’s. En un Big Mac hay
aproximadamente sesenta especies diferentes de animales y plantas. En pocas comidas puedes encontrar más biodiversidad,
perdón, agrodiversidad, puesto que son especies cultivadas.
DE MATERIAS PRIMAS ECOLÓGICAS A PRODUCTOS ECOLÓGICOS, O TODO LO CONTRARIO
Otra peculiaridad del reglamento es que se supone que toda la cadena de producción tiene que ser
ecológica, o no. La agricultura ecológica tiene que utilizar semillas certificadas de producción
ecológica. Aunque nos parezca muy bucólica la imagen del abuelo con el sombrero de paja
guardando la semilla para la siguiente cosecha, esta práctica es propia de gente que tiene la
agricultura como hobby, pero no de agricultores, ya sean ecológicos o convencionales, que se ganan
la vida con su trabajo. Obtener y conservar la semilla es un proceso muy delicado. Si la semilla se
guarda en condiciones de demasiado frío, calor, humedad, sequedad o se contamina por hongos,
insectos o bacterias, puede perder eficiencia de germinación. Eso implica que la semilla
aparentemente tiene buen aspecto, pero cuando la siembras solo germina la mitad o menos, lo cual
significa la ruina.
En cultivos como el maíz existe un fenómeno llamado vigor híbrido, según el cual la primera
generación proveniente del cruce de dos variedades diferentes es mejor que cualquiera de sus dos
padres. Una variedad híbrida no sirve para semilla por culpa de la genética mendeliana, ya que su
descendencia será mitad como el padre, pero la otra mitad como los abuelos, es decir, floja, sin vigor
híbrido. Otra vez, peor cosecha. Por eso los agricultores que se ganan la vida saben que con las cosas
de comer no se juega, y por eso suelen comprar la semilla cada año, y si son ecológicos, pues
compran la semilla ecológica certificada.
Las semillas ecológicas también suelen estar registradas y ser propiedad de empresas. Greenpeace vendía en su página web
semillas ecológicas de guisante de la variedad Rondo, variedad desarrollada por AgroSeeds y cuyo mantenedor en España es
Monsanto, por lo que se daba la circunstancia de que Greenpeace vendía unas semillas que le generaban beneficio a Monsanto.
El reglamento también concede excepciones para utilizar semillas no ecológicas en producción ecológica. El listado se publica
cada año y suele ocupar más de cien páginas.
El ganado ecológico también tiene que consumir pasto y pienso ecológico. Claro, lo ecológico
es más caro y a veces incluso difícil de conseguir. No pasa nada; el reglamento tiene un capítulo
entero (el quinto) que define todas las excepciones y salvedades que se pueden hacer. Básicamente
viene a decir que si no hay pienso ecológico, que coman del convencional, y que si no se encuentran
semillas ecológicas, pues que utilicen las convencionales. El problema es que, se acojan a una
excepción o no, al final obtienen la misma certificación, por tanto el consumidor no sabe si en la
elaboración de todo el producto han utilizado productos ecológicos o se han acogido a alguna de las
numerosas excepciones. Otro fallo del reglamento: el sello da una información muy incompleta.
En cambio, para saber si lo que se elabora a partir de materias primas ecológicas es ecológico,
la legislación es más complicada. El caso paradigmático es el vino. La legislación que regula la
producción de vino ecológico entró en vigor en marzo de 2012; por lo tanto, si alguien te vendía
vino ecológico antes de esa fecha estaba cometiendo una falta administrativa. Solo se podía etiquetar
como «vino procedente de uvas de producción ecológica». Para fijar el reglamento hicieron un
estudio científico, que costó la friolera de 1,6 millones de euros, para concluir que la diferencia de
producción entre un vino ecológico y un vino convencional son cinco tratamientos que no están
permitidos en el vino ecológico y sí en el convencional.17 Ninguno de estos tratamientos te viene a la
cabeza cuando piensas en vino convencional, o vino con química (concentración por frío,
eliminación del anhídrido sulfuroso, electrodiálisis, desalcoholización y resinas de intercambio de
cationes). El motivo por el cual estos tratamientos le quitan la condición de ecológico no queda muy
claro. Simplemente dicen que podrían vulnerar el espíritu del reglamento. Ese es el problema: es una
cuestión de espíritu, no de ciencia.
Tiene mucho más jugo (o, mejor dicho, mosto) lo que puede llevar el vino ecológico que lo que
no lleva. Veamos la terrible química que se permite en la elaboración de un vino ecológico. El vino
ecológico lleva sulfitos, igual que el convencional (se recomienda poner menos, pero se autoriza que
se pongan), también se permite el uso de compuestos contaminantes como el sulfato y el citrato de
cobre, y de uno muy gracioso, el alginato. El alginato es un polímero de celulosa que fue el centro de
una agria discusión entre dos grandes chefs. En su momento, Santi Santamaría arremetió contra
Ferran Adrià y otros gurús de la cocina porque decía que utilizaban ingredientes artificiales. Basaba
sus acusaciones en el libro de Jörg Zipprick ¡No quiero volver al restaurante!, en el que el periodista
acusaba a muchos grandes chefs de envenenar a sus comensales utilizando productos artificiales y
montaba una teoría conspiranoica diciendo que Ferran Adrià y otros muchos estaban a sueldo de la
industria química para promocionar sus productos. Uno de los ejemplos que ponía en el libro era el
alginato, que Ferran Adrià utilizaba para sus famosas esferificaciones, acusándole de utilizar algo
que sirve para fabricar el semen falso en las películas porno. Lo divertido es que en el vino
ecológico se autoriza este material. Se ve que si lo utiliza Ferran Adrià es malo, pero si lo utiliza una
bodega ecológica es bueno, porque Zipprick ahora no ha puesto ninguna pega.
Tampoco se avisa a los consumidores de que para la elaboración del vino ecológico se permite
el uso de claras de huevo y de colas de pescado. Parece una tontería, pero esto implica que los
veganos, que se niegan a consumir ningún alimento en cuya elaboración se hayan utilizado productos
de origen animal, no pueden consumir vino ecológico. Por cierto, el reglamento aconseja que los
huevos sean de producción ecológica…, si es posible. La clara de huevo se utiliza para limpiar el
mosto, pero si se utilizan huevos ecológicos, al precio que tienen, la botella saldría a más de cien
euros; por eso se permite el subterfugio de no utilizarlos ecológicos si no hay disponibles. Al final la
cuestión es: ¿el vino sale mejor, o está más bueno? Nada en este reglamento lo indica. Solo cumple
unas normas, puede estar bueno… o no, pero seguro que es más caro por culpa de todas las
pejigoterías. Es lo que hay.

3 consejos para mejorar tu composición artística – Parte 2

  1. La proporción de oro

Echemos un vistazo a la razón de oro. La idea fue iniciada por los antiguos griegos, que eran creyentes fuertes en el concepto platónico de ideales.

Creían que todas las cosas, tangibles e intangibles, tienen un estado de ser perfecto que las define.

También sentían que siempre se debe esforzarse por lograr este estado ideal, ya sea en matemáticas, en el físico, en la política o en la estética.

Al igual que las líneas implícitas y los valores contrastantes, el color se puede utilizar para dibujar el ojo del espectador a cualquier lugar que desee

Los matemáticos griegos, después de ver repetidas veces proporciones similares en naturaleza y geometría, desarrollaron una fórmula matemática para lo que ellos consideraban un rectángulo ideal: un rectángulo cuyos lados están en una proporción de 1: 1.62.

Sentían que todos los objetos cuyas proporciones exhibían esto eran más agradables, ya fuera un edificio, un rostro o una obra de arte. Hasta el día de hoy, los libros e incluso las tarjetas de crédito siguen siendo conformes a este ideal.

  1. La regla de los tercios

Esto indica que, si se divide cualquier composición en tercios, vertical y horizontalmente, coloque los elementos clave de la imagen a lo largo de estas líneas o en las intersecciones de ellas. Usted conseguirá un arreglo más agradable. ¿Pero funciona?

Veamos la pintura de Edmund Dulac, La pequeña sirena: El príncipe preguntó quién era (arriba). Dulac era grande en usar el espacio vacío a su ventaja, en parte porque tendía a acatar la Regla de los Terceros.

Con la columna y la línea del horizonte en el centro de la imagen, el resultado es menos exitoso. La columna domina la imagen, robando el foco de las figuras.

El ojo del espectador está ahora pegado a esta forma fuerte que divide el lienzo, en vez de vagar alrededor de la imagen como lo hizo originalmente.

3 consejos para mejorar tu composición artística

De la Razón Dorada a las líneas implícitas, Dan Dos Santos te muestra sus trucos favoritos para crear composiciones fuertes.

Una composición fuerte es crucial para una obra de arte exitosa. Es lo que atraerá el ojo de un espectador, y lo que mantendrá su atención una vez que eche un vistazo más de cerca.

Puede significar la diferencia entre una obra de arte llena de acción y una obra solemne y contemplativa. Pero, ¿cómo hacer que una composición transmita el estado de ánimo que desea y qué es lo que hace que una composición tenga éxito?

Hay muchas reglas de mucho tiempo sobre lo que hace una buena composición, como la relación de oro, la espiral dorada y la regla de los tercios. ¡Pero en realidad no son reglas!

Piense en ellos como sugerencias … o mejor aún, como plantillas opcionales. Métodos tradicionales como estos son sólo una respuesta a un problema que tiene un número infinito de soluciones. Su propósito es simplemente ofrecer un método simple para que un artista utilice para hacer una imagen más agradable.

Voy a discutir algunas de estas técnicas, explicar por qué son exitosos y cómo se puede utilizar ese conocimiento para hacer una mejor imagen.

Para empezar, todo lo que realmente necesita saber es esto: una buena composición no es más que un agradable arreglo de formas, colores y tonos. Eso es bastante simple realmente. Lo más probable es que la mayoría de ustedes puede hacer una buena composición con los ojos cerrados.

¡Pero no queremos buenas composiciones, queremos grandes composiciones! Queremos ser maestros de la composición, doblándola a nuestra voluntad. Para ello, necesitamos comprender las propiedades básicas de la composición…

  1. Los básicos

La raíz de toda la composición radica en las relaciones. Mira la imagen de arriba. Aunque técnicamente es una composición, no es muy exitosa. El espectador no sabe dónde mirar, ni hay ningún sentido de flujo a la imagen.

Al alterar uno de estos cuadrados, incluso ligeramente, he creado una composición mucho más exitosa en la segunda imagen. Tan simple como la imagen es, ya tiene una sensación de movimiento y profundidad. ¿Cómo?

A través de las relaciones. Al causar una disparidad entre las formas, he dado al espectador un medio por el cual pueden comparar esas formas. “Este es más grande, que uno es más ligero.” El cuadrado gris parece moverse y retroceder sólo cuando se compara con el cuadrado negro.

El proceso de comparar estas formas requiere que el espectador mueva sus ojos repetidamente alrededor del lienzo, y ahí radica el verdadero objetivo de una gran composición: controlar ese movimiento ocular.